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Fresas y Chocolate. Mucho más que un restaurante

Definir el restaurante Fresas y Chocolate es como pretender encontrar en él dos sillas iguales, es decir, misión imposible. Y esto es así por una razón muy sencilla: Fresas y Chocolate es lo que tú quieres que sea. Es un restaurante, una cafetería, puedes tomar unas cañas o un cóctel, organizar una cena romántica o una reunión con amigos. Pide cualquier cosa que se te ocurra que Gabriela y Estefanía, lo harán realidad.

Sin duda, gran parte de su magia y de ese punto original y sexy le vienen de sus orígenes, ya que el restaurante primero fue una tienda de lencería y artículos eróticos. Y, como no, también tiene mucho que ver el leit motiv que las hermanas Córdoba y su equipo – Odony y Yanet – cumplen al pie de la letra y que no es otro que el de crear un lugar en el que ellos y, sobre todo, sus clientes se sientan a gusto.

En Alicante ya empiezan a ser famosos su buen rollo y su ensaladilla rusa. Y es que, después de un año, ¿todavía queda alguien que no haya probado la famosa ensaladilla Fresas y Chocolate? Un plato con página propia en Facebook y del que sus creadoras hablan así: “Recetas de ensaladilla hay tantas como personas que las hacen. Igual que lugares donde comerla… Sin embargo, no son tantos los sitios que tienen la ensaladilla que hace exclamar: ¡Uhm, qué buena!, ¡Me encanta!”.

De hecho, consultar en Facebook su menú del día se ha convertido también en una tentación en la que muchos caen. Cada día nos antojan con ensaladas frescas y divertidas, crepes, deliciosos platos al horno o buenos vinos. Y todo ello, fusionado en un ambiente agradable en el que el flamenco, el jazz o la salsa suenan como música de fondo.

Si después de leer el post aún no te ha entrado curiosidad por visitarlo, échale un ojo a este video. Aunque, ¿por qué no vas, lo conoces en persona y luego nos cuentas qué es para ti Fresas y Chocolate? ¡Esperamos tus comentarios!.

Internet y el procomún. Lo que es de todos y no es de nadie

Llum Quiñonero
Directora de Comunicación en Símbolo Ingenio Creativo

La doctrina de libre mercado que se ha hecho con nuestra vida cotidiana y buena parte de nuestra manera de pensar, nos nubla la vista y nos fuerza a examinar la red con las estrechas leyes de una economía basada en el consumo y en el dinero.

Internet es más que una tecnología de la comunicación, Internet nos ha colocado en un nuevo mapa de la historia que de un modo rotundo reclama de todos un acercamiento a lo que la Nóbel de Economía de 2009, Elionor Ostrom denomina procomún: aquello que se define como bien colectivo, comunal, que es de todos y no es de nadie; por tanto, que nadie puede privatizar.

Procomún son aquellos asuntos esenciales para la vida humana, desde el genoma, al aire, a las aguas, los océanos o, en el siglo XXI, Internet, que Antonio Lafuente, investigador del CSIC, ha clasificado en los cuatro entornos del procomún.

Como afirma Juan Freire, “el trabajo de Ostrom y otros ecólogos y científicos sociales pone de manifiesto el vasto territorio entre los mercados y los estados; es en ese espacio donde se construyen, en muchos casos de forma no planificada y basada en las negociaciones conversaciones, entre individuos y grupos, instituciones y normas que gobiernan en buena medida nuestras sociedades”.

Para entender los nuevos valores, las oportunidades y los procesos que está generando Internet hay que colocarse en la dimensión que nos brinda en tanto que bien común, (procomún, o bien comunal, commons y sus múltiples formas): Sitios web accesibles, servidores de listas, software de código abierto, sistemas para gestionar y compartir recursos entre iguales - peer to peer (P2P) – más capaces de generar valor que el propio mercado

“La creación de valor no es una transacción económica esporádica como sentencia la teoría del mercado – afirma David Bollier – sino un proceso continuo de vida social y cultura política”. El procomún traspasa los límites del estado y del mercado, y esa es una definición de Internet a la que uno y otro tratan de ponerle límites sea a través de acotar la propiedad intelectual o como ocurrió en China o en Egipto, poniendo filtros para el acceso a Google o con los “apagones” en los días de la revuelta.

Una gran parte de nuestra vida social se escapa a las leyes del mercado; un ejemplo claro tiene que ver con el trabajo doméstico – una actividad que entra de lleno en el procomún–realizada sobre todo (patriarcado mediante) por madres, abuelas, vecinas, amigas al ocuparse del cuidado de los niños, de la limpieza de los hogares, de la preparación de las comidas sin recibir remuneración a cambio. Tarea esencial para el funcionamiento de la economía y de la vida social que no se contabiliza en el PIB. ¿Acaso no tiene valor?

procomun

Podemos ver cómo Internet ha potenciado los intereses comunes de la gente más allá de lo económico y que ha generado otra lógica. La popularidad del sistema GNU/Linux y del software de fuente abierta confirman el poder del procomún que sigue en abierta lucha con las leyes que tratan de ponerle coto: la Ley de Economía Sostenible, conocida como Ley Sinde es un claro ejemplo de intento de limitar el bien común, como lo es, en términos de la naturaleza y la biodiversidad, la propuesta del gobierno de David Cameron de privatizar buena parte de los bosques de la Gran Bretaña. Lo que se define como bien común, comunal, no se puede privatizar ni siquiera por parte del estado porque el estado, acaso, es mero gestor no propietario.

El procomún se gestiona bajo la llamada economía del don (gift economy), un intercambio explícito no basado en un acuerdo quid pro quo (algo a cambio de algo). El software libre o la propia wikipedia, la enciclopedia más grande jamás creada, son una realidad a partir del trabajo voluntario y colaborativo de miles de personas que han dedicado esfuerzos por el afán de ser parte de una gran obra colectiva.

Esta forma de hacer, que es bastante frecuente por cierto, en la historia de la Humanidad, establece que el valor de las cosas no está solo en relación a su precio.

Internet concebido como un ámbito de libertades es más, mucho más que un inmenso mercado. Como afirma Antonio Lafuente, el mundo de conocimiento – desde luego la propia Universidad – está siendo sacudido por profundas trasformaciones. La producción creativa se está redefiniendo, Internet nos obliga a un debate más amplio que el que nos propone la relación entre profesionales, aficionados, autores o público, productores y consumidores, por ejemplo.

Internet nos está sirviendo en bandeja nuevas propuestas que van desde la vida social y política – el movimiento 15M – a la expansión de wikileaks frente al adocenamiento de los medios de comunicación tradicionales. Internet como bien común pone sobre el tapete el debate sobre la transparencia de los asuntos públicos, sobre el acceso libre a la información, incluso sobre la equidad social.

El procumún es consustancial a la vida humana y el mercado es apenas un pequeña parte de nuestra relidad, aunque trate de imponer sus normas para el conjunto de la vida, incluido el procomún.

¿Qué es eso de Google+?

Desde hace unos días casi nadie en las redes sociales habla de otra cosa. Y prácticamente todo el mundo se hace las dos mismas preguntas: ¿Qué es Google+? y ¿Quiere Google ser como Facebook?

Antes de responder a estas dos cuestiones, es importante destacar que Google+ es, a día de hoy, todavía una incógnita por la sencilla razón de que no todos los usuarios pueden acceder a él. Se trata de un “proyecto”, tal y como dice en su propia página.

Prueba-Google+

Así que, hasta que Google quiera, sólo unos cuantos elegidos podrán conocer de primera mano en qué consiste esta nueva herramienta. Mientras ese momento llega, aquí está nuestra aportación para resolver alguna de las dudas de ese nutrido grupo de intrigados con Google+, en el que nosotros mismos nos encontramos.

Después de mucho rastrear en busca de respuestas, una cosa queda clar: No cabe duda de que se trata de una red social y que su funcionamiento no dista mucho del de otras redes sociales. Si tienes cuenta de correo en Gmail, puedes importar desde ella tus contactos y, al parecer, también existe la opción de obtener tus amigos de Facebook (EDITADO: Después de publicar este post, Facebook bloqueó la posibilidad de exportar los contactos a Google+).

Hasta aquí, nada diferente. La novedad, estaría en la clasificación de dichos contactos. Se haría en “círculos” que vendrían a ser algo parecido a las listas de Facebook pero con la ventaja de que el control de la privacidad, según quienes ya la han visitado, es mucho más sencillo. Cosa que, por otra parte, no resulta muy difícil ya que en la red de Mark Zuckerberg hay que dedicar más de una hora (y de dos) si quieres conseguir cierta privacidad en tu perfil.

Entre otras similitudes, también cuenta con una sección de “novedades” que tendría la misma función que el “muro”, permite compartir el contenido publicado en Twitter e incluso en Facebook, hacer menciones de otros usuarios, recibir todo tipo de notificaciones respecto a la actividad que realizamos (o que otros realizan), modificar el texto de los comentarios o etiquetar fotos.

Google+

¿Y qué tiene de nuevo? Pues además de integrar todos los servicios de Google, entre las opciones que ofrece – que no están en Facebook – estarían la de hacer videoconferencias con un máximo de 10 personas o la posibilidad de ver vídeos de YouTube en tiempo real con tus amigos de Google+ para poder comentarlos al mismo tiempo que los veis.

Con la llegada de esta nueva red social, lo que está claro es que Google no piensa quedarse sentado mirando cómo Facebook se come todo el pastel y está decidido a pelear por la porción de usuarios que, con no poco esfuerzo, se ha ganado a lo largo del tiempo. Desde luego, la base de datos del primero es mucho mayor – en el mes de mayo Google, YouTube y Gmail sumaron la friolera de 1000 millones de usuarios únicos –, así que quizá sólo sea cuestión de tiempo que Google saque mayor rendimiento a la gestión de toda esa información y que lo haga con el mismo tino que Facebook ha hecho en tan sólo 7 años. Qué duda cabe que ya ha comenzado un auténtico “duelo de titanes”.

Para terminar, sólo una pregunta más. Si los usuarios de Facebook migran en masa a esta nueva red social, ¿habrá fan pages en Google+?

Periodismo Real Ya

Fernando Fuentes
Periodista

www.ffuentes.com

Durante la presentación de un libro en la Fnac – la publicidad para un foro que se preocupa de lo cultural es aquí justa y necesaria –, en la apasionada e interesante tertulia celebrada posteriormente, entre ponentes y público, saltó a la palestra un tema que desde hace tiempo viene ocupando, y casi más preocupando, al que firma y que no es otro que la dudosa necesariedad de que se plantee urgentemente la gestación de un nuevo periodismo apoyado precisamente en la desaparición del mismo… así de crudo y de directo a la mandíbula, vaya.

Todo esto viene a cuento porque en el periodismo cultural – especialmente el que se dedica al ocio y más concretamente al musical – hace tiempo que la irrupción de la blogosfera, donde residen los bloguistas – léase de los activadores y escribientes de blog –, y las redes sociales digitales – sobre todo Facebook y Twitter – están poniendo en tela de juicio, desde algunos espacios de expresión emergente y juvenil, la pertinencia de que sigan sobreviviendo medios de información – considerados como clásicos y caducos – y de que sigan actuando como impostados intermediarios entre los periodistas – y las empresas de comunicación para las que trabajan y las pagan – y el resto de los mortales.

Conviene que se sepa que soy feisbukero practicante; dirijo los contenidos de varios blogs y a la vez me mal gano la vida escribiendo sobre aconteceres musicales y de índole cultural en revistas impresas, digitales, e-zines y webs, etc. Mi opinión sobre estas nuevas ágoras comunicacionales – en las que algunos creen encontrar el futuro inmediato del neo periodismo – si me lo permiten y ya verán por qué, la resolveremos unas líneas más adelante.

Durante la eclosión, esplendor y consolidación del 15-m – me niego a hablar de ello como fenómeno ya que lo considero una maravillosa realidad tangible y madura – el papel de los medios de comunicación ante tal bravo asunto es la mejor muestra de que se puede hacer un periodismo bastante más digno y, por lo tanto, mejor. La sucia manipulación – dirigida por los de siempre – del acontecer social más importante surgido en este país desde que yo recuerdo ha puesto otra vez en el disparadero la profesión periodística y nos vuelve a colocar en las más bajas consideraciones laborales y sociales.

15-M
Spanish Revolution, Anónimo, Voces con Futura, 2011.

Tanto estoy de acuerdo en que no es de recibo el trato que muchos medios han procurado a la revuelta popular, como en que no se puede meter en el mismo burdo saco a todos los profesionales de la información que se han acercado a contar al mundo lo que ocurría en la Puerta del Sol – fantástico – o sucedía en las inmediaciones de las Cortes Catalanas – fatal –.

Como dice Lluís Bassets – responsable de opinión de El País – miles de indignados, “quieren elecciones sin urnas, democracia sin representantes, huelgas sin sindicatos y periodismo sin periodistas”. No hay que ser una lumbrera para ver que aquí lo que subyace es una querencia exigente a la eliminación de los intermediarios, esos mismos que durante demasiados años se han estado aprovechando de que todo el flujo democrático, laboral e informativo tuviera que pasar forzosamente por unas manos – las suyas – no siempre limpias y dispuestas sólo a servir de justo filtro ante lo que hubiese debido de fluir como agua entre sus dedos.

Los mismos que piden a gritos en las calles una nueva democracia – en la que tener más presencia, relevancia y decisión – también exigen un “Periodismo Real Ya” que se mantenga ajeno a intereses empresariales, que sólo sirva a la verdad y en el que cualquiera pueda convertirse en todo momento en un medio de información andante solamente armado de un perfil en Facebook, sirviéndose del anonimato en un foro o colgando un tweet desde su móvil.

15-M
Somos más, Anónimo, Voces con Futura, 2011 (izq) y Ctrl+C Ctrl+V #spanishrevolution, Anónimos, Voces con Futura, 2011 (dcha).

Es aquí cuando me atrevo a volver al comienzo del artículo, precisamente en ese punto en el que me preguntan por mi opinión acerca de lo que nos ocupa. Mi respuesta, ahora sí, es la misma para los lectores de peroratas relacionadas con la música de vanguardia y aledaños que para esos indignados – yo también lo soy – que nos quieren borrar de la faz de la tierra para dar paso a un estadio informativo sin lideres de opinión, sin periódicos, sin articulistas, sin libre pensamiento, sin periodistas y, en definitiva, sin periodismo.

No nos confundamos, sufrir de sobredosis informativa no es igual a estar bien informados. La cantidad no suele producir calidad y aquí todavía menos. Y además, ¿cuándo fue que olvidamos para siempre la importancia de la credibilidad en la información? ¿Quién se encargará desde el rigor vocacional de investigar, corroborar, consultar a las fuentes, redactar y firmar con nombres y apellidos una información veraz, limpia y de necesario servicio público? ¿Algún indignado se pregunta quiénes están realmente detrás de las ahora divinizadas redes sociales? ¿No serán también parte activa de ese sistema que demonizan?

Bien, hagamos una cosa, al igual que demandamos una nueva tipología de relación entre ciudadanos y gobernantes exijámosla también entre los periodistas y sus lectores, escuchantes o videntes. Entre todos podemos recuperar, y refrescar, los valores de una bellísima y necesaria profesión llamada periodismo desde la que tanto se ha luchado, y todavía se batalla, para que esa misma democracia – a la que ahora nos permitimos despreciar a nuestro antojo – nos permita cuestionar su pertinencia y pureza sin que nadie por ello nos pueda encerrar en un calabozo, torturarnos con aquiescencia gubernativa o llevarnos de paseo al amanecer.

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