El Twitter y las celebridades…
Hoy en día, la personalidad que tiene más seguidores en Twitter es Lady Gaga, con más de 25 millones. Le siguen Justin Bieber con 22.7 millones y Katy Perry con 20.5 millones de seguidores. Pedro Rojas, profesor universitario de marketing digital dice, “Si los famosos tienen muchos seguidores no es por poner contenido interesante (la mayoría), sino simplemente por ser famosos”, y nosotros estamos totalmente de acuerdo.
Twitter ha logrado democratizarse gracias a las estrellas. En efecto, el éxito de esta plataforma, es que las celebridades pueden comunicarse con sus fans sin intermediarios. Saber todo de la vida de una estrella, ya sean pequeños trozos de vida o intimidades, es lo que les gusta a los fans y conlleva que los famosos sean más accesibles.
Las redes sociales permiten esa proximidad entre público y las estrellas; pero deben ser conscientes de la importancia adquirida por las redes sociales y saber gestionar su imagen. Algunas personalidades consiguen hacerlo muy bien, otras destruyen su buen nombre diciendo cosas inadecuadas o usando un tono inadecuado.
Por ejemplo, Alejandro Sanz escribió “buestra” en lugar de “vuestra”, y Jordi González contestó a una de sus seguidoras “Telebasura, tu puta madre, guapa”, antes de disculparse. Unas simples palabras pueden hacerte perder o ganar miles de seguidores en un solo día.
Para evitar cometer errores así, algunos personajes públicos contratan un Community Manager, como lo hizo en su momento Shakira. Su trabajo consiste en encargarse del contenido digital de la celebridad, como si se tratase de una marca. Cuando Xavi Menós se encargó de los contenidos digitales de Shakira sólo tenía 150.000 fans en Facebook y ni siquiera tenía Twitter. A día de hoy, tiene más de 15 millones de seguidores. Para diferenciar si escribe Xavi Menós o si escribe Shakira, no firman de la misma manera. Se puede leer “ShakiraHQ” para el primero, y “Shak” para la segunda.
En España un 56% de usuarios de Twitter siguen a un personaje público; así, Twitter puede permitir promocionar marcas o productos gracias a las celebridades. El futbolista Rio Ferdinand tuiteó la frase “No eres tú mismo cuando estás hambriento” para promover una barra de chocolate Snickers.
Para las celebridades, Twitter puede resultar una buena manera de promoverse y contar su actualidad, pero deben tener en cuenta que también puede ser un fracaso si no lo usan de forma adecuada.
La importancia de la marca personal
Hoy en día, vivimos en una época difícil en muchos aspectos, por ello es muy importante diferenciarse del resto y destacar; aquí entra con fuerza el valor de la marca personal. No solo es importante que una empresa o marca destaque por lo que hace y por como lo hace, también es fundamental transmitir esos mismos valores en una persona, esa marca personal será nuestra carta de presentación, nuestro curriculum vitae.
Cada vez más, las empresas buscan a sus trabajadores a través de las redes sociales, como Linkedin, red fundamental para crear relaciones profesionales; o Twitter, perfecta para establecer relaciones entre los usuarios y difundir mensajes; como ellas, un sinfín de plataformas más, que conformarán nuestra marca personal. No todas las redes sociales encajan con todos los perfiles, debemos saber cuáles elegir. El curriculum en papel se queda anticuado en esta nueva era 2.0.
Es muy importante saber que una marca personal no es algo que se puede conseguir fácilmente, es algo que lleva su tiempo y su dedicación. Abrir un perfil en Linkedin no significa que ya tengas marca personal, ese, es solo un paso. El mercado te buscará por lo que puedes ofrecer, pero te elegirán si realmente lo que ofreces es bueno.
Es fundamental marcarse un objetivo, y en base a él, confeccionar una estrategia para conseguirlo. La marca personal definirá como eres.
Según Francisco Páez, debemos seguir cuatro pasos: que te conozcan; que te reconozcan; que te tengan en cuenta; y por último, que te elijan, que es el fin principal; Si consigues las tres primeras, habrás dado pasos en el camino correcto, porque querrá decir, que aunque no te hayan elegido, ya saben que existes. Como se dice normalmente, si no eres visible, es que no estás vivo.
El debate sobre terminología no termina: ¿Community Manager?
Muchas veces, al presentarme a clientes o entablar conversación sobre mi trabajo con cualquier persona que desconoce el sector de los social media suelo utilizar el término Community Manager. Lo hago como atajo para evitarme dar explicaciones que en algunas circunstancias no son necesarias. “Community Manager” es un término que ha dado lugar a mucha discusión, pero por el buzz que ha generado, precisamente es la nomenclatura más accesible para algunas personas que no están inmersas en el mundo de la comunicación 2.0. Pero este buzz tiene su cara oscura, y es que el término en algunos sectores se ha ido devaluando por usos e interpretaciones erróneas, vendedores de humo, etc. Podemos decir que el término Community Manager podría ser válido pero se ha estropeado por estos usos y a día de hoy puede incluso generar rechazo o desconfianza en algunos sectores profesionales.
En cualquier caso, el término Community Manager nunca me ha acabado de gustar, principalmente porque da lugar a confusión. En referencia a mi trabajo, el término anglosajón –por seguir un estándar- que más puede ajustarse es el de Social Media Manager o Social Media Strategist, ya que no se trata sólo de “gestionar una comunidad” (manage a community), sino de establecer una estrategia y plan de acción. En aquellas empresas que tienen los suficientes recursos es aconsejable la separación de ambos roles. De esta manera el Social Media Manager se ocuparía de diseñar la estrategia, seleccionar los canales, planear y analizar la actividad, y el Community Manager sería la persona encargada de ejecutar este plan, manteniendo un contacto directo con la comunidad. Sin embargo, en muchas empresas de menor tamaño es frecuente que una sola persona asuma ambas responsabilidades (diseño y ejecución del plan). En este caso, nos gusta mantener la nomenclatura SMM, porque resulta menos concreto que CM y abarca todas las tareas que se pueden realizar respecto a estos medios.
En cualquier caso, estos términos son, como decíamos, una manera de adaptarnos al estándar anglosajón, si bien, muchas veces utilizamos el castellano que nos permite expresarlo con más seguridad y matices de diferentes maneras: responsable de medios sociales (SMM) , gestor de comunidades online (CM), responsable de comunicación online…
Os dejamos este enlace a un artículo de El País que aporta unas interesantes aportaciones a este tema: Sí hay burbuja: se llama ‘community manager’
Y vosotros, ¿qué entendéis al escuchar el término “Community Manager”? ¿Cuál creéis que es la mejor forma de expresar esta nueva profesión?
SOCIALBRO: Optimiza el uso de Twitter y la gestión de tu comunidad
Desde hace un par de meses estamos utilizando Socialbro en Símbolo. Llegaron a nuestros oídos algunas de las funcionalidades que incorpora y pensamos que al menos valía la pena toquetear un poco la aplicación. Pasado un tiempo, ha superado el examen con buena nota y lo seguimos utilizando, porque combina en una sola herramienta funciones que antes teníamos que estudiar por separado. Socialbro nos parece una de las mejores herramientas que hemos encontrado para gestionar la comunidad en Twitter.
La función que nos parece más interesante de Socialbro, es su capacidad para analizar a los miembros de tu comunidad. Los diversos filtros que pueden aplicarse son muy útiles a la hora de hecer limpieza de usuarios inactivos, spamers, etc. Se pueden filtrar los usuarios según:
- Seguidos
- Seguidores
- Seguidos que no te siguen
- Seguidores que no sigues
- Follow recíproco
- Nuevos seguidores
- Nuevos seguidos
- Unfollows recientes
- Nº de seguidores o seguidos
- Nº de listas
- Ratio Seguidores seguidos
- Edad de la cuenta
- Tweets por día
- Fecha del último tweet
Además, el programa nos permite establecer nuestros propios filtros personalizados y nos resume en su portada que seguidores son inactivos, influyentes, novatos o famosos.
Los datos que ofrece la aplicación sobre cada uno de los usuarios y la manera tan fácil de clasificarlos nos ofrece una completa radiografía de nuestra comunidad que previamente sólo podíamos obtener usando distintas herramientas y combinando después la información obtenida.
Otras opciones que nos ofrece Socialbro son:
- Analizar en que horas del día nuestra comunidad es más activa, lo cual nos indica las mejores horas para tuitear.
- Generar estadísticas sobre nuestra comunidad (y exportarlas en PDF)
- Analizar a la competencia
- Monitorizar hashtags y analizar la relación que tenemos con el resto de personas que lo siguen.
- Analizar listas
- Importar usuarios
Ayer, Socialbro sacó a la luz su integración con Peerindex, para que además podamos gestionar los usuarios según su nivel de influencia, a través de este índice. Podremos, también conocer nuestros índices de “autoridad”, “actividad” y “audiencia”, y su evolución.
La herramienta es gratuita y permite incoporar 4 cuentas distintas. Se puede descargar la versión para escritorio o instalarlo directamente en Google Chrome.
Sin duda, se trata de una aplicación muy útil para el Community Manager. Os recomendamos que la probéis si aún no lo habéis hecho. Seguro que para muchos se convertirá en una herramienta de cabecera.
Si queréis saber más podéis visitar la guía del usuario de SocialBro. También podéis visualizar todas estas opciones en este videotutorial.
¿Cuánto vale un fan? La necesidad de cifras para el análisis en social media
Javier Gosende, especialista en Posicionamiento en buscadores y marketing online ofreció el pasado jueves un taller en el Centro de Emprendedores de Alicante. El título del taller fue “Analítica Web de Redes Sociales” y nos ha resultado interesante compartir con vosotros las pistas más interesantes que se han ofrecido y nuestras conclusiones tras la charla. Para empezar, Javier ha señalado la importancia de medir en base a unos objetivos bien definidos como pueden ser el aumento de visitas en la web, la construcción de reputación online, la fidelización de clientes o la obtención de feedback. Sobre todos ellos siempre acaba planeando un objetivo general y omnipresente: aumentar las ventas de nuestro producto o servicio.
La primera pregunta que se lanzó es ¿Qué medimos? Javier Gosende ha apuntado tres cuestiones:
- Qué está pasando en cada canal
- Qué influencia tienen nuestros canales en la red
- Qué tráfico se redirige a nuestro blog o web.
Habla, en definitiva de tres conceptos: Tamaño, movimiento y tráfico. En este punto ha aportado dos propuestas: la de Territorio Creativo y la de Avinash Kaushik . Nos gustó especialmente la aportación de Kaushik, que propone medir tres variables:
- la conversación (comentarios),
- la amplificación (difusión),
- y el aplauso (“me gusta”, “estrellas”, y otras valoraciones).
Después, Javier lanzó la pregunta ¿Cuánto vale un fan? Para dejar patente que no existe una respuesta universal, ya que dependerá de diversas características de la marca y su comunidad. Teóricamente, este valor se define por las ventas que conseguimos a través de dicha comunidad, (es decir, ¿cuánto me compran mis fans?), pero en realidad, los impactos de nuestro mensaje, las menciones y recomendaciones, etc. también añaden un valor difícil de cuantificar.
Tras está introducción teórica pasamos a ver algunas herramientas para la medición de la influencia en las diferentes plataformas, teniendo en cuenta que la medición cuantitativa es relativamente sencilla, pero es el aspecto cualitativo el que nos va a aportar una información más relevante y para medirlo no existen métodos estandarizados. De este hecho surgen multitud de discusiones en la red sobre el ROI de los social media, dada la dificultad de medir estas variables cualitativas.
Queda clara la dificultad de medir el aspecto cualitativo en social media y es comprensible la desconfianza de los empresarios, que alegan que desconocen a dónde va a parar su inversión. Sin embargo… ¿Acaso no es difícil medir cual es la influencia real de la publicidad tradicional en vallas, televisión, radio o prensa? La diferencia es que para estos medios se han definido costes y estándares que simplifican la medición. Pero en mi opinión la simplifican tanto que no suponen una correspondencia real entre el coste y la influencia supuestamente obtenida.
Quizá para que se dejase de discutir tanto el ROI de los social media, habría que definir el coste de un fan, de un follower, de una visita a nuestro blog, asimilando de esta manera la forma de medir la comunicación en medios tradicionales. ¿Es eso lo que queremos? Pienso que lo correcto, en cambio, es mantener lo relativo de estas variables, para no caer en esta simplificación que termina ofreciendo un dato numérico pero alejado de la realidad. Al contrario de lo que leo diariamente en la Red sobre la dificultad y la falta de definición de los métodos de medición en social media, opino que es en Internet donde mejor se está evaluando la actividad de la comunicación de marca. Digo esto, porque no se esta cometiendo el error – a mi parecer – de reducir a números la actividad y la influencia y se está recopilando un dato hasta ahora ignorado: el feedback de los usuarios. El problema viene cuando tenemos que hacer entender a nuestros clientes que lo que necesitan no es una cifra, sino un análisis.
Las pymes se renuevan con las redes sociales (Informe de la Fundación Banesto y Cink)
Todos sabemos que el uso de las redes sociales está aumentando de manera progresiva, llegando a ser uno de los pilares básicos de todo tipo de comunicación.
Recientemente ha salido a la luz un informe promovido por la fundación Banesto, con la colaboración de Cink, en el que se afirma que estas herramientas 2.0 se están convirtiendo en el gran apoyo de las pequeñas y medianas empresas del país. Se ha llegado a la conclusión de que el 1.0 no es suficiente, y, según el informe, más del 75% de los consumidores no confían en lo que comunican las marcas a través de la publicidad tradicional, por lo que hay que tomar medidas al respect
El mundo de las redes sociales alcanza a millones de personas. Facebook y Twitterson las más populares entre los usuarios. A las pymes les interesa entrar dentro de este mundo y expandirse a través de él a partir de diferentes estrategias.
Con Facebook, las pymes consiguen interactuar con los usuarios, además de generar conversación actualizando regularmente y fomentando su participación. Por esto es la herramienta estrella para el branding. A partir del informe de la Fundación Banesto sabemos que el 45% de los usuarios que se encuentran dentro de Facebook siguen 2 o más marcas, por lo que es importante conseguir su satisfacción.
Con Twitter las marcas buscan compartir conocimientos y consiguen, escuchando al usuario, mejorar su posicionamiento y reputación. Es la segunda red social con mayor participación, y las empresas están aprendiendo a encontrar en ella a sus audiencias y establecer una relación beneficiosa.
No podemos olvidarnos del blog corporativo de la empresa. Con los resultados que aporta el informe, sabemos que un 60% de los usuarios consideran los blogs como una fuente fiable de información, y más del 70% han leído un blog que le haya provocado una opinión positiva sobre una marca. De una manera cercana, la marca se abre a los usuarios mostrándole sus noticias, curiosidades e inquietudes. Esto genera confianza en el consumidor e incrementa las posibilidades de éxito. Como con las demás redes sociales, escuchar y participar activamente en la conversación son las claves para conseguir los mejores resultados.
Otras plataformas como Flickr o Youtubeaportan un valor añadido al negocio y se consideran útiles para éste.
Ahora sí, lo importante de las redes sociales para las pymes no es que las tengan, sino que las actualicen a diario y lo hagan de manera satisfactoria para todos. El hecho de tener abandonada cualquier página social da una imagen nefasta de la empresa. No queremos que el remedio sea peor que la enfermedad, por lo que se debe interactuar de forma habitual.
Breves conclusiones:
- La actuación de los usuarios pone en valor los entornos 2.0
- Las marcas han reaccionado y participan en estos entornos.
- Los datos provenientes de Emprendedores en Red muestran la voluntad de apostar por el 2.0 por parte de las pymes.
- Algunos datos claves que confirman esta expansión:
* el 39% de pymes se comunican con sus clientes a través de Facebook.
* el 75% de las que apuestas por Twitter lo actualizan de manera regular
* el 11% complementan su comunicación corporativa a través de Youtube
* el 67% de los espacios corporativos en Flickr se amplían regularmente.
- Es beneficioso para la marca estar dentro del entorno 2.0
- Debe actualizar regularmente e interactuar con los usuarios.
- Las pymes se están reinventando en las redes sociales
En estos últimos meses se han desarrollado varias redes sociales dirigidas a pymes con un volumen creciente de miembros, servicios específicos y actividad en aumento. Varios ejemplos son: Grera.net, Econred, La Cancillería o Red Emprendeverde.
Os dejamos un video del primer congreso de redes sociales para pymes en el que profesionales del sector nos explican el porqué de la creación de este congreso y la necesidad de expansión de estas en el entorno 2.0.
Queda demostrado que su actuación es eficaz y beneficiosa para la empresa así que en los tiempos que corren, las pymes deben de apostar por el 2.0, analizando cada una de sus ventajas e incovenientes e integrandolo en su estrategia.
¿Qué opináis? ¿Pensáis que es buena idea que las empresas se expandan a través de redes sociales? ¿Interactuáis habitualmente con las diferentes marcas que os gustan? ¿Qué imagen os da una marca/empresa que no interactúa?
Beatriz Gómez
Google Plus VS Facebook: Lucha de gigantes.
Una de los temas más discutidos este año en el sector de los social media ha sido Google Plus. La red social del gigante de Internet ha dado mucho que hablar desde su nacimiento. Muchos se preguntaban si esta nueva plataforma acabaría con la hegemonía de Facebook y muchos siguen apostando por que esto sucederá y auguran a la creación de Mark Zuckerberg un destino similar al de MySpace.
Personalmente Google Plus no me acaba de convencer y no confío en que se ponga por delante de Facebook en un futuro próximo. El crecimiento de esta red ha sido impresionantemente rápido, pero este hecho no me parece suficiente para afirmar que puede convertirse en la red social dominante. Por supuesto existen otras muchas razones para aquellos que quieren coronarlo rey: integración con el resto de funcionalidades de Google, limpieza en el diseño y funciones (aquí nadie te invita a que le acaricies el cordero en Farmville), promesas de maravillosas páginas para empresas…
Comencé a usar Google+ arrastrada por el buzz que generó su nacimiento pero bastante escéptica y mantengo este escepticismo a día de hoy. Los primeros días me gustó su interface, la gestión de la privacidad y la forma de compartir contenidos. Creí que quizá tanto buzz tenía razón y le dí un voto de confianza, pero algún tiempo después me di cuenta de que estaba usando Google Plus como Twitter: siguiendo a gente que me resultaba interesante, que en su mayoría no conocía en persona. Y me pregunté ¿Dónde están mis amigos de verdad?… La respuesta estaba clara: en Facebook.
En definitiva, hay muchas cosas que me gustan de Google y muchas otras que me disgustan de Facebook, pero hay una circunstancia vital que me hace abandonar el uso de Google Plus: la audiencia. La gente con la que más me relaciono está en Facebook. Tan solo he podido encontrar en la nueva red a un pequeño porcentaje de la gente que mantengo en Facebook, y en cambio, a mucha de la que sigo en Twitter: profesionales del sector de la comunicación, el marketing, la tecnología… gente más o menos geek, early adopters y “usuarios avanzados”. El perfil de esta audiencia ya me preocupó de Twitter, pero esta herramienta satisface otras cuestiones distintas a Facebook y me sirve para otros fines. ¿Pero qué obtengo de Google Plus? Hasta ahora lo que me ha dado ya lo encontraba en Twitter y de una forma más dinámica. Si mi red de contactos estuviese en G+ no dudaría en usarla, pero con este tipo de contactos tan definidos, el uso de los círculos apenas tiene sentido.
Y vosotros, ¿usáis Google Plus? ¿Qué os aporta? ¿Confiáis en que adelantará a Facebook en esta carrera?
¿Qué es eso de Google+?
Desde hace unos días casi nadie en las redes sociales habla de otra cosa. Y prácticamente todo el mundo se hace las dos mismas preguntas: ¿Qué es Google+? y ¿Quiere Google ser como Facebook?
Antes de responder a estas dos cuestiones, es importante destacar que Google+ es, a día de hoy, todavía una incógnita por la sencilla razón de que no todos los usuarios pueden acceder a él. Se trata de un “proyecto”, tal y como dice en su propia página.
Así que, hasta que Google quiera, sólo unos cuantos elegidos podrán conocer de primera mano en qué consiste esta nueva herramienta. Mientras ese momento llega, aquí está nuestra aportación para resolver alguna de las dudas de ese nutrido grupo de intrigados con Google+, en el que nosotros mismos nos encontramos.
Después de mucho rastrear en busca de respuestas, una cosa queda clar: No cabe duda de que se trata de una red social y que su funcionamiento no dista mucho del de otras redes sociales. Si tienes cuenta de correo en Gmail, puedes importar desde ella tus contactos y, al parecer, también existe la opción de obtener tus amigos de Facebook (EDITADO: Después de publicar este post, Facebook bloqueó la posibilidad de exportar los contactos a Google+).
Hasta aquí, nada diferente. La novedad, estaría en la clasificación de dichos contactos. Se haría en “círculos” que vendrían a ser algo parecido a las listas de Facebook pero con la ventaja de que el control de la privacidad, según quienes ya la han visitado, es mucho más sencillo. Cosa que, por otra parte, no resulta muy difícil ya que en la red de Mark Zuckerberg hay que dedicar más de una hora (y de dos) si quieres conseguir cierta privacidad en tu perfil.
Entre otras similitudes, también cuenta con una sección de “novedades” que tendría la misma función que el “muro”, permite compartir el contenido publicado en Twitter e incluso en Facebook, hacer menciones de otros usuarios, recibir todo tipo de notificaciones respecto a la actividad que realizamos (o que otros realizan), modificar el texto de los comentarios o etiquetar fotos.
¿Y qué tiene de nuevo? Pues además de integrar todos los servicios de Google, entre las opciones que ofrece – que no están en Facebook – estarían la de hacer videoconferencias con un máximo de 10 personas o la posibilidad de ver vídeos de YouTube en tiempo real con tus amigos de Google+ para poder comentarlos al mismo tiempo que los veis.
Con la llegada de esta nueva red social, lo que está claro es que Google no piensa quedarse sentado mirando cómo Facebook se come todo el pastel y está decidido a pelear por la porción de usuarios que, con no poco esfuerzo, se ha ganado a lo largo del tiempo. Desde luego, la base de datos del primero es mucho mayor – en el mes de mayo Google, YouTube y Gmail sumaron la friolera de 1000 millones de usuarios únicos –, así que quizá sólo sea cuestión de tiempo que Google saque mayor rendimiento a la gestión de toda esa información y que lo haga con el mismo tino que Facebook ha hecho en tan sólo 7 años. Qué duda cabe que ya ha comenzado un auténtico “duelo de titanes”.
Para terminar, sólo una pregunta más. Si los usuarios de Facebook migran en masa a esta nueva red social, ¿habrá fan pages en Google+?
Periodismo Real Ya
Fernando Fuentes
Periodista
www.ffuentes.com
Durante la presentación de un libro en la Fnac – la publicidad para un foro que se preocupa de lo cultural es aquí justa y necesaria –, en la apasionada e interesante tertulia celebrada posteriormente, entre ponentes y público, saltó a la palestra un tema que desde hace tiempo viene ocupando, y casi más preocupando, al que firma y que no es otro que la dudosa necesariedad de que se plantee urgentemente la gestación de un nuevo periodismo apoyado precisamente en la desaparición del mismo… así de crudo y de directo a la mandíbula, vaya.
Todo esto viene a cuento porque en el periodismo cultural – especialmente el que se dedica al ocio y más concretamente al musical – hace tiempo que la irrupción de la blogosfera, donde residen los bloguistas – léase de los activadores y escribientes de blog –, y las redes sociales digitales – sobre todo Facebook y Twitter – están poniendo en tela de juicio, desde algunos espacios de expresión emergente y juvenil, la pertinencia de que sigan sobreviviendo medios de información – considerados como clásicos y caducos – y de que sigan actuando como impostados intermediarios entre los periodistas – y las empresas de comunicación para las que trabajan y las pagan – y el resto de los mortales.
Conviene que se sepa que soy feisbukero practicante; dirijo los contenidos de varios blogs y a la vez me mal gano la vida escribiendo sobre aconteceres musicales y de índole cultural en revistas impresas, digitales, e-zines y webs, etc. Mi opinión sobre estas nuevas ágoras comunicacionales – en las que algunos creen encontrar el futuro inmediato del neo periodismo – si me lo permiten y ya verán por qué, la resolveremos unas líneas más adelante.
Durante la eclosión, esplendor y consolidación del 15-m – me niego a hablar de ello como fenómeno ya que lo considero una maravillosa realidad tangible y madura – el papel de los medios de comunicación ante tal bravo asunto es la mejor muestra de que se puede hacer un periodismo bastante más digno y, por lo tanto, mejor. La sucia manipulación – dirigida por los de siempre – del acontecer social más importante surgido en este país desde que yo recuerdo ha puesto otra vez en el disparadero la profesión periodística y nos vuelve a colocar en las más bajas consideraciones laborales y sociales.
Tanto estoy de acuerdo en que no es de recibo el trato que muchos medios han procurado a la revuelta popular, como en que no se puede meter en el mismo burdo saco a todos los profesionales de la información que se han acercado a contar al mundo lo que ocurría en la Puerta del Sol – fantástico – o sucedía en las inmediaciones de las Cortes Catalanas – fatal –.
Como dice Lluís Bassets – responsable de opinión de El País – miles de indignados, “quieren elecciones sin urnas, democracia sin representantes, huelgas sin sindicatos y periodismo sin periodistas”. No hay que ser una lumbrera para ver que aquí lo que subyace es una querencia exigente a la eliminación de los intermediarios, esos mismos que durante demasiados años se han estado aprovechando de que todo el flujo democrático, laboral e informativo tuviera que pasar forzosamente por unas manos – las suyas – no siempre limpias y dispuestas sólo a servir de justo filtro ante lo que hubiese debido de fluir como agua entre sus dedos.
Los mismos que piden a gritos en las calles una nueva democracia – en la que tener más presencia, relevancia y decisión – también exigen un “Periodismo Real Ya” que se mantenga ajeno a intereses empresariales, que sólo sirva a la verdad y en el que cualquiera pueda convertirse en todo momento en un medio de información andante solamente armado de un perfil en Facebook, sirviéndose del anonimato en un foro o colgando un tweet desde su móvil.
Es aquí cuando me atrevo a volver al comienzo del artículo, precisamente en ese punto en el que me preguntan por mi opinión acerca de lo que nos ocupa. Mi respuesta, ahora sí, es la misma para los lectores de peroratas relacionadas con la música de vanguardia y aledaños que para esos indignados – yo también lo soy – que nos quieren borrar de la faz de la tierra para dar paso a un estadio informativo sin lideres de opinión, sin periódicos, sin articulistas, sin libre pensamiento, sin periodistas y, en definitiva, sin periodismo.
No nos confundamos, sufrir de sobredosis informativa no es igual a estar bien informados. La cantidad no suele producir calidad y aquí todavía menos. Y además, ¿cuándo fue que olvidamos para siempre la importancia de la credibilidad en la información? ¿Quién se encargará desde el rigor vocacional de investigar, corroborar, consultar a las fuentes, redactar y firmar con nombres y apellidos una información veraz, limpia y de necesario servicio público? ¿Algún indignado se pregunta quiénes están realmente detrás de las ahora divinizadas redes sociales? ¿No serán también parte activa de ese sistema que demonizan?
Bien, hagamos una cosa, al igual que demandamos una nueva tipología de relación entre ciudadanos y gobernantes exijámosla también entre los periodistas y sus lectores, escuchantes o videntes. Entre todos podemos recuperar, y refrescar, los valores de una bellísima y necesaria profesión llamada periodismo desde la que tanto se ha luchado, y todavía se batalla, para que esa misma democracia – a la que ahora nos permitimos despreciar a nuestro antojo – nos permita cuestionar su pertinencia y pureza sin que nadie por ello nos pueda encerrar en un calabozo, torturarnos con aquiescencia gubernativa o llevarnos de paseo al amanecer.
Urbanidad digital o cómo comportarse con los móviles y las redes sociales
Es una realidad. Las redes sociales y los teléfonos móviles no sólo han cambiado la manera en que nos comunicamos sino también nuestras costumbres y comportamientos a la hora de hacerlo. Hasta hace no mucho, nos indignábamos cuando no había cobertura. Ahora lo hacemos si en un espacio público no hay Wi-Fi o, mejor dicho, si la Wi-Fi no es gratuita, al menos para los clientes o usuarios de dicho lugar.
Y a pocos nos sorprende ya (aunque esto no quiere decir que no nos moleste) que un móvil suene en el cine en mitad de la película – a pesar de que antes de empezar se encarguen de advertirnos que los apaguemos – o que nada más sentarnos en un restaurante saquemos nuestro smartphone para hacer check-in situación que, según en qué ambientes y con qué compañías, puede resultar de mal gusto.
Es más, creo que estoy en lo cierto si afirmo que no soy la única persona que siente que no la miran del todo bien cuando, en mitad de una reunión distendida con amigos, deja “un poquito” a medias la conversación para revisar el correo o, incluso, responder un e-mail.
Y yo me pregunto: Poner el teléfono móvil sobre la mesa del restaurante o interrumpir una conversación con alguien que tenemos delante para, por ejemplo, tuitear con una persona que no está presente, ¿son gestos de mala educación o tenemos que aceptar que los hábitos, al igual que la tecnología, han cambiado?
Ante mi duda, como en todo, me encuentro con respuestas para todos los gustos. A grandes rasgos, las opiniones pueden clasificarse en tres grupos. Primero, quienes consideran que no podemos ignorar estos cambios y que con los móviles sucederá como con la llegada de la televisión, la cual se convirtió en un elemento tan central dentro de los hogares que, no sólo cambió la manera de relacionarnos sino que, incluso, introdujo modificaciones en el mobiliario y la distribución de salones y comedores.
Un segundo grupo que opina que, sin lugar a dudas, se trata de gestos de mala educación que hay que evitar. Y, por último, los defensores del término medio. Aquellos que creen que sería bueno encontrar el punto de equilibrio entre la comunicación on line y la off line.
Según este último grupo, la mejor manera de conseguir dicho equilibrio es la autorregulación. Esto es, ponernos nuestros propios límites a la hora de utilizar las nuevas tecnologías y las redes sociales. Distinguir hasta dónde puede interferir en nuestras relaciones cara a cara el hecho de estar conectados las 24 horas del día o, incluso, ser perjudicial para nuestra salud ya que, aunque estas tecnologías nos permitan trabajar en cualquier lugar y a cualquier hora, en algún momento tenemos que descansar y desconectar.
Psicólogos y especialistas en protocolo y buenas maneras, entre otros, ya debaten sobre la cuestión. De hecho, hasta qué punto no se habrá extendido este pequeño dilema que podríamos asistir al nacimiento de una nueva disciplina, la e-Urbanidad – al igual que sucediera con la Netiqueta y las buenas prácticas en el uso de las redes sociales y los social media –.
De lo que no cabe duda es que estas nuevas tecnologías de la comunicación llegan para quedarse y que habrá que adaptarse a ellas como ya hiciéramos con otros avances. Pero, como en todo proceso de cambio, sólo el tiempo determinará si, en la actualidad, hacemos uso o abuso de ellas.
















